La pandemia de Covid-19 que afecta a todo el mundo, nos ha obligado, para los que no venían haciéndolo, a repensar nuestra relación con nuestro planeta. A pensarnos inmersos en ese enorme campo conceptual que llamamos Naturaleza, que no es algo que «está alla afuera», sino que pertenecemos a ella como integrantes del reino animal. Pero, sin embargo nuestro antropocentrismo nos ha llevado a pensar que somos seres situados en una escala por encima de todo lo que nos rodea. Tuvo que aparecer un microscópico virus para que entremos en la cuenta de cuan frágiles somos.
La situación actual nos hace pensar en una nueva relación con nuestro Planeta, con sus recursos naturales, con la Biodiversidad que porta y que nos incluye. Una nueva relación entre los seres humanos basada en en abandono del individualismo y el egoísmo para darle paso a la solidaridad y a la entrega. Hemos despreciado la vida que nos rodea en estos últimos 200 años. Le hemos practicado a nuestro planeta más daños en este corto lapso de tiempo que en toda la historia del hombre sobre la tierra, hace 3.000.000 de años cuando Lucy todavía se batía sobre los árboles.
El Papa Francisco en su Encíclica «Laudato si» nos fue muy claro, «cuando alguien no aprende a detenerse para percibir y valorar lo bello, no es extraño que todo se convierta para él en objeto de uso y abuso inescrupuloso». Y, cuando se refiere a lo bello, lo hace para contarnos que vivimos en un lugar increíblemente apacible del Universo, donde ha podido desarrollarse la vida. Esta es nuestra única casa, nuestra casa común y es compromiso de todos repensar una nueva forma de relacionarnos con ella, aunque los poderosos del mundo nada quieran cambiar y sigan buscando un nuevo mundo en sus carreras espaciales para ir a vivir.
Esta era que los científicos llamarán ANTROPOCENO, será recordada como el dominio absoluto del hombre sobre el planeta y si no luchamos y nos comprometemos con la VIDA, será recordado como el momento de la planificación de nuestra propia extinción. Si queda alguien que pueda contarlo, claro.
